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7 de febrero de 2014

Otro adiós inesperado

Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.



El domingo pasado me levanté poco después de las 8 de la mañana, un poco cansado, no había nadie en casa y no había nada para desayunar, lo cual no era muy raro, sin embargo, algo me hacía pensar que no todo estaba bien, pero ignoré ese extraño presentimiento y me metí al baño. Tenía algunos planes para ese día, pero apenas salí del baño supe que ese día no haría nada de lo que había planeado.

Mi madre había llegado a casa y, apenas me vio, se acercó a mí, para decirme lo que menos esperaba escuchar aquella mañana de domingo: tu tía acaba de morir.

Escuché la noticia, e intenté aceptar el hecho de que mi tía ya no estaba aquí. Me quedé callado por un momento, y mi madre volvió a decirme lo mismo, un poco más alterada, así que intenté calmarme y calmarla a ella (qué más podía hacer). Ella me pidió que fuera a casa de mi abuela para acompañarla y se fue. Tardé un buen rato sentado al lado de mi cama simplemente pensando. No quería ir para escuchar cómo mi abuela lloraba, porque sabía que no podría consolarla, y que en ese momento yo también empezaría a llorar; pero no podía quedarme aquí, así que decidí ir.

En cuanto entré a la casa pude escuchar el llanto de mi abuela; apenas seis meses antes había fallecido mi padre, y ahora le tocaba ver morir también a su hija. Mi abuela se encontraba sentada en una silla de madera, y el cuerpo de mi tía estaba a sus pies, sobre un petate, cubierta con una sábana blanca. Por la forma que había tomado aquella sábana pude adivinar que habían acomodado sus manos sobre su pecho, de la misma forma en que yo acomodé las manos de mi padre, hace seis meses.

Me senté al lado de mi abuela, y recordé. Dicen que cuando uno muere ve pasar toda su vida frente a sus ojos, y pensé, que los que nos quedamos también recordamos todo lo que vivimos junto a esa persona que ya no está, la vida de los que se van también pasa frente a nosotros, y de manera más lenta y nostálgica. Y así fue. Recordé. Desde ese momento empecé a recordar todo lo que esa mujer hizo por mí.

Ella nunca se casó. Supe que en su juventud tuvo un novio, pero nunca consumaron esa relación. Así que consagró su vida entera a servir a su familia. Siendo muy pequeña, ya se encargaba de cuidar de mi padre, y después, de mi tío también. Sus padres (mis abuelos) eran campesinos, que salían de casa, dejándola a ella con la responsabilidad de alimentar y cuidar a sus hermanos. Cuando mi padre se casó con mi madre y adoptó a los hijos que mi madre había tenido con su primer esposo, mi tía también se preocupó por ellos. Mi abuela me contó este domingo, cuando uno de mis hermanos llegó a la casa para ver si podía ayudar en algo, que cuando mi madre regañaba demasiado a mis hermanos, mi tía lloraba y a escondidas los llamaba para hacerlos sentir bien. Cuando nací yo, mi tía olvidó las diferencias que tenía con mi madre (pues ni ella ni mi abuela aprobaban que mi padre se hubiera casado con una mujer que ya tenía hijos), y yo pasé a ser el hijo que ella siempre quiso pero nunca pudo tener. No demostraba abiertamente sus emociones, pero yo sabía lo que ella sentía por mí y le correspondía, pues para mí fue como una segunda madre.

Siempre fue una persona sencilla, al ser la única mujer en la familia se dedicó a las labores del hogar, mientras sus hermanos asistían a la escuela para aprender a leer y escribir; ella nunca leyó un libro, nunca aprendió a escribir ni siquiera su nombre, cuando yo empecé a ir a la escuela jugaba a enseñarle a escribir, pero ella siempre decía que no podía, y yo, tan necio como siempre, insistía y la obligaba, hasta que ella cedía y dibujaba algunos garabatos para tener contento a su sobrino. Su humildad me enseñó demasiadas cosas, y lo agradezco infinitamente.

A los que no la conocían la miraban de manera extraña al notar la psoriasis que ella padecía y que era visible en sus brazos, pero para mí no era extraño, de hecho, ni siquiera recuerdo cuándo fue que empezó a padecer esa enfermedad, pues en las fotos más viejas que tengo junto a ella su piel tiene una apariencia normal. Aún en sus últimos días, a pesar de que apenas podía caminar (encorvada) y con dolores en todo el cuerpo, se preocupaba por su familia, atendía a su madre y preparaba la comida para todos (para mi abuela, mi tío, e incluso para mí, pues siempre preparaba la comida esperando que yo pasara por su casa y comiera con ellos).

Ya llevaba tres días sin comer, apenas comía algo y lo volvía a vomitar; debí sospechar que algo andaba mal el jueves, cuando nos sentamos a comer y yo le pregunté si ella no nos acompañaría también, simplemente me respondió que ya había comido antes, en la cocina, sonrió un poco y cambió el tema; quién hubiera imaginado que tres días después ella ya habría muerto. Mi abuela me contó que un día antes le pidió a mi tío que insistiera para que mi tía comiera un poco, pero él le respondió con cierta tristeza que mi tía no comería nada aquel día.

El domingo aun despertó, a las seis de la mañana, y le dijo a mi abuela que se levantaría para alimentar a sus aves de corral, a quienes unos días antes (cuando empezó a sentirse mal) les había dicho que debían comer lo que les daba porque pronto moriría y entonces no habría quien los alimentara como ella lo hacía. Tambien quiso mucho a sus aves, incluso a los gorriones y a las palomas que de vez en cuando se posaban en los árboles de su patio para ponerse a cantar. Recuerdo el día en que se puso a llorar porque una piedra lanzada desde alguna resortera anónima había hecho que una paloma cayera muerta en su patio.

Aquel domingo, después de contarle a mi abuela lo que pensaba hacer aquel día, vomitó por última vez, se recostó junto a mi abuela y cerró los ojos. Mi abuela entendió lo que había pasado y llamó a mi tío, que intentó despertarla, pensando que solo se había desmayado por estar tan cansada, pero ella ya no volvió a despertar.


El lunes por la tarde la sepultamos, estuve al lado de su cuerpo desde que salió de su casa, de camino hacia la iglesia, y después hacia el panteón, y no pude evitar pensar que era casi el mismo recorrido que hacíamos cuando, siendo muy pequeño, la acompañaba a la plaza todos los domingos, esperando que después de que ella hiciera sus compras, me comprara a mi también un juguete o alguna otra cosa en las tiendas del centro. Su ataúd era blanco, pues murió siendo virgen, dedicando su vida entera a cuidar de sus hermanos, sus padres, sus primos, a los hijos de su cuñada y a mí. Un ataúd blanco, que llevaba en su interior un cuerpo que ya empezaba a descomponerse (una imagen que prefiero no recordar). Cuando llegamos al lugar que se había preparado para ella decidí no apartarme de su lado, y continué llorando, sin que me importara que las personas que nos acompañaban me miraran con lástima, mi madre también lloró bastante, y mi tío, que casi siempre aparenta ser una persona fría, dejó que sus ojos se humedecieran y también terminó llorando por su hermana. Él ataud descendió y me incliné para echar un puño de tierra. Creo que en el fondo no quería dejarla ir, pero ya se había ido. Regresé a casa antes que los demás y terminé de llorar, a solas. Cuando el llanto se me acabó me sentía tan cansado que me quedé dormido hasta el día siguiente.

Ella siempre bromeaba diciendo que cuando muriera regresaría para jalarme los pies mientras dormía, pero si llega a regresar, dudo que sea para hacer eso. La quise demasiado y siempre la voy a recordar y extrañar; sé que cuando a mi me toque partir y vea toda mi vida pasar frente a mis ojos, ella será una parte muy importante de ese último recuento. Ahora sus restos descansan junto a los de mi padre y mi abuelo... y yo la recuerdo con algunos versos de aquel poema de Sabines, que siempre me hacía sentir cierta nostalgia, imaginando el día en que ella se fuera para siempre.


Sofía virgen, vaso transparente, cáliz, 

que la muerte recoja tu cabeza blandamente 
y que cierre tus ojos con cuidados de madre 
mientras entona cantos interminables. 
Vas a ser olvidada de todos 
como los lirios del campo, 
como las estrellas solitarias; 
pero en las mañanas, en la respiración del buey, 
en el temblor de las plantas, 
en la mansedumbre de los arroyos, 
en la nostalgia de las ciudades, 
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta. 

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia, 
con una cruz pequeña sobre tu tierra, 
estás bien allí, bajo los pájaros del monte, 
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

5 de diciembre de 2013

Los libros de la magia

Porque no solo de libros se alimenta un lector...

Hoy hablaremos de un cómic (o novela gráfica, como ustedes prefieran) que, en lo personal, me gustó bastante desde la primera vez que lo leí. Supongo que resulta obvio que lo que me enganchó fue todo ese ambiente de magia, magos, y esas cosas, así que omitiremos toda esa larga explicación. 

Probablemente haya spoilers pero confío en que a la mayoría de ustedes no les importe demasiado. 

Para empezar, los personajes principales. Estimados lectores, les presento a los integrantes de La Brigada de la Gabardina:


Él es El Fantasma Errante. Un personaje bastante misterioso, con un origen desconocido; algunos dicen que es un ángel caído que está condenado a errar por el mundo, ayudando a aquellos que lo necesiten, otros lo identifican con el judío errante. Tiene grandes poderes y habilidades, entre los cuales se pueden mencionar: la capacidad de viajar a través del espacio y el tiempo, crear ilusiones y poder deshacer todo tipo de magia. Sin embargo, a pesar de todas las habilidades que tiene, no puede actuar de manera directa frente a un problema, solo puede guiar a los demás para tomar las medidas necesarias para resolverlo.


Éste tipo que ven aquí es John Constantine (Si, el mismo de la película que protagonizó Keanu Reeves, aunque en el cómic tiene una apariencia distinta). Con un gran conocimiento de la magia y las ciencias ocultas, este "mago" se ha tenido que enfrentar a varios personajes que no son precisamente de este mundo (algunos si). Y aunque en muy pocas ocasiones recurre a los combates físicos, su astucia y sus conocimientos mágicos le han ayudado a enfrentar y vencer a sus enemigos. Cínico y ligeramente (?) altanero, es uno de esos antihéroes que con el tiempo llega a convertirse en un personaje bastante entrañable.


Él es el Dr Occult, un investigador de lo paranormal que, junto a su novia (Rose) aprendieron a hacer uso de la magia después de tener un pequeño incidente con una secta satánica. A pesar de tener poco más de 100 años, su apariencia es la de un hombre de treinta o cuarenta años, gracias al uso que él ha hecho de la hechicería. Ah si, y como pueden ver en la imagen, en la actualidad, Rose (su novia) habita el mismo cuerpo que Occult, intercambiando lugares de vez en cuando.


Y si creían que los personajes anteriores eran extraños... este es Mr E. Siendo muy joven, Erik descubrió un oscuro secreto sobre su padre, y éste, avergonzado, le sacó los ojos con una cuchara afilada. A pesar de este momento tan traumático, Erik seguía sintiendo una gran admiración hacia su padre, y decidió bloquear ese recuerdo, sustituyéndolo por otro en el cual su padre le arrancó los ojos para ayudarlo a no contaminarse con los pecaminosos horrores del mundo. Bajo una educación exageradamente moralista, Erik aprendió que el bien debe protegerse y el mal debe erradicarse, aunque en él, esto a veces llegue al extremo del fanatismo. Puede viajar en el tiempo y, aunque es ciego, tiene un poder místico que le permite ver las cosas que deben ser vistas.


Y este chico que ven aquí, de cabello oscuro, lentes, y con un búho como mascota, bien podría ser confundido con otro famoso mago, protagonista de libros y películas igualmente famosas, pero no, en este blog no simpatizamos con el mago conocido como Harry Potter. Este chico es Timothy Hunter, un chico común y corriente que está destinado a convertirse en el mago más poderoso de esta época.

Pero antes de ser un poderoso y experimentado mago deber recorrer un largo camino, un camino que puede llevarlo a distintos lugares, dejándonos con la duda de si toda esa magia será usada para el bien o para el mal... desventajas del libre albedrío.

Cuatro "libros" (cómics) son los que dan inicio a esta historia. En ellos se nos muestra a un chico común, que es abordado inesperadamente por cuatro extraños, para iniciarlo en el camino de la magia, si él así lo desea; antes de eso, cada uno le mostrará la magia desde distintas perspectivas, y al final, Tim decidirá si acepta la magia y todos los riesgos que vienen con ella, o si prefiere rechazar todo aquello y seguir una vida común, alejado de la magia. La brigada de la gabardina (que es como se autodenominan los cuatro personajes mencionados al principio), le mostrará a Timothy el pasado de la magia (desde sus inicios y visitando a algunos magos muy reconocidos, como Merlin), el mundo mágico que está frente a nosotros (pero no queremos podemos ver), las tierras lejanas (la tierra de las hadas), el futuro y los días finales de la magia (e incluso del universo entero, una de mis partes favoritas, con la presencia de dos eternos: la encantadora Muerte y el misterioso Destino).



Los libros de la magia son obra del reconocido autor de literatura fantástica: Neil Gaiman, quien ha colaborado también con Terry Pratchett (otro de mis escritores favoritos); actualmente estoy leyendo la que es considerada una de las mejores obras de Gaiman: The Sandman; pero ya habrá tiempo para hablar de el señor de los sueños en otra ocasión.

Nail Gaiman, en uno de los capítulos de los Simpson.


Por el momento, eso es todo. Si a alguien le interesa este cómic (o algún otro) puede buscarlo en la web :P (o pedírmelo por correo electrónico: whitewizard89@gmail.com; como ustedes gusten).

Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros.



Peace&Love



10 de agosto de 2013

The king is dead, long live the king!


Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia es estar mirando un cielo nocturno con un par de estrellas salpicadas en él, mientras yo descansaba en los brazos de mi padre; ese cielo se quedó muy grabado en mi memoria y la sensación de tranquilidad y seguridad que sentía en aquellas noches creó un lazo muy fuerte entre mi padre y yo. Mi madre dice que en aquel tiempo, mi padre me cargaba en brazos por las noches, y podía pasar horas así, esperando a que yo me quedara dormido.


Eso fue hace poco más de veinte años. Hace unos días, el martes, a la 1:15 de la mañana, para ser exactos, yo regresaba del velorio de mi tío (el cuñado de mi madre), y como siempre, apenas entré a casa, le avisé a mi padre que ya había llegado para ver si necesitaba algo, al no haber respuesta, me acerqué a donde él dormía para despertarlo. Una vez más, no hubo respuesta. Me pasé del otro lado de la cama para que él me pudiera escuchar mejor, pero seguía sin despertar. En ese momento, el Mago me dijo que el momento del que tanto habíamos hablado (el mago y yo) por fin había llegado. Quise creer que no era así, que mi padre solo estaba profundamente dormido. Pero no ocurrió nada. Me quedé ahí, de pie, junto a él. Lo observé por un largo rato, quería que su imagen quedara grabada en mi mente, para no olvidarlo tan fácilmente. Y después me di cuenta de que una oscura y espesa soledad había empezado a cubrirme.

Salí a ver a mi sobrino, que había regresado conmigo a casa. Supongo que al verme supo lo que estaba pasando, yo solo lo vi y no le dije nada. Salí al patio, pensando en lo que debía hacer, mi madre y mis hermanos seguían en el velorio y con el celular sin saldo, no podía comunicarme con ninguno de ellos.

(Debo aclarar que cuando hablo de mis hermanos me refiero a mis hermanastros; pero cuando mi padre se casó con mi madre se responsabilizó de ellos como si fueran sus hijos, y eso hizo que ellos sintieran un gran cariño y respeto hacia él, a pesar de que él no era muy dado a dar muchas muestras de afecto)

Entonces me sentí solo. Pero era una soledad ajena a mi (y al mago), una soledad que he experimentado muy pocas veces y que no es tan confortante como la soledad a la que estoy acostumbrado. Siempre consideré que mi modo de relacionarme con los demás era similar al de mi padre, siempre apartándome del resto, creando una barrera alrededor de mí para no dejar que nadie (o casi nadie) me conociera por dentro; y aun así, había algo en su soledad que encajaba muy bien con la mía, como si al hacernos compañía nuestra soledad no disminuyera, y eso no activara un mecanismo de defensa al sentirnos invadidos. Podíamos estar solos estando juntos. Yo lograba entenderlo y él me entendía a mí. Pero en ese momento él ya no estaba "aquí", y eso me hacía sentir mucho más solo que antes.

Regresé a donde se encontraba el cuerpo de mi padre y lo abracé, me acerqué a su oído y le di las gracias por todo lo que él había hecho por mí, con las palabras que había guardado durante tanto tiempo para ese momento; al terminar le di un beso en la frente y no pude evitar sentir un nudo en la garganta y un ligero dolor en el pecho. Sé que él ya no se encontraba ahí, pero el mago y yo consideramos necesario hacer todo esto, para despedirnos de él, aunque sea de manera simbólica.

Recordé que uno de mis sobrinos se conectaba hasta muy altas horas de la noche en facebook y logré comunicarme con él, le dije que les avisara a sus padres y a sus tíos lo que había ocurrido, y salí nuevamente al patio, cerca de las plantas que mi padre había sembrado y me senté a esperar. Media hora después mis hermanos llegaban a casa con mi madre, y desde el patio pude escucharlos llorar por él; yo quise estar solo, por un rato más. Después entré y me dejé contagiar por la tristeza que mi madre sentía en ese momento.

Desde que yo era muy pequeño me preguntaba porqué no veía muchas muestras de afecto entre mis padres, como sucedía con otras parejas que yo veía (besos, abrazos, etc...), pero en aquel momento, al ver a mi madre llorar y recordar todo lo que mi padre había significado para ella, me di cuenta de que a pesar de que mi padre siempre se mostraba frío y distante, en el fondo, lo que lo unía a mi madre era algo mucho más fuerte que el amor. Mi madre cuidó de él hasta él último momento y mi padre la quiso, a su manera, pero con todo el amor que él podía sentir hacia otra persona.

Hace ya casi una semana que él no está aquí, pero no estoy triste, en serio. Si he llorado ha sido únicamente porque he visto llorar a mi madre y a mi abuela, y en ese sentido, siempre he sido demasiado sensible. Lo quise demasiado, y aunque muy pocas veces se lo dije, se que no hacía falta, él sabía lo que yo sentía, después de todo, fui su único hijo, y lo conocía tan bien como él me conocía a mí.

Hay muchas cosas que contar sobre él, pero ya habrá tiempo para eso, después. Por el momento, me quedo con un fragmento del último libro que leí en voz alta para él, un día antes de que él se fuera.


LA MUERTE

(Fragmento de El Profeta, de Gibran Kahlil)

Almitra, entonces, habló, diciendo: Os preguntaríamos ahora sobre la Muerte.

Y él respondió:

Desearíais saber el secreto de la muerte.

¿Pero cómo lo encontraréis a menos de buscarlo en el corazón de la vida?

El mochuelo, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz.

Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también.

En el arcano de vuestras esperanzas y deseos reposa vuestro conocimiento silencioso del más allá.

Y, como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.

Confiad en los sueños, porque en ellos el camino a la eternidad está escondido.

Vuestro miedo a la muerte no es más que el temblor del pastor cuando está en pie ante el rey, cuya mano va a posarse sobre él como un honor.

¿No está, acaso, contento el pastor, bajo su miedo de llevar la marca del rey?

¿No lo hace eso, sin embargo, más conciente de su temblor?

Porque, ¿qué es morir sino erguirse desnudo?

Y, ¿qué es dejar de respirar, sino el liberar el aliento de sus inquietos vaivenes para que pueda elevarse y expandirse y, ya sin trabas, buscar a Dios?

Sólo cuando bebáis el río del silencio cantaréis de verdad. Y, cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña es cuando comenzaréis a ascender.

Y, cuando la tierra reclame vuestros miembros, es cuando bailaréis de verdad.


Aquella noche, después de estar con mi madre y mis hermanos, yo quise estar a solas, y fui a casa de mi abuela, entonces el Mago aprovechó para decirme que era necesario que todo esto sucediera así, para poder dar paso a lo que estaba por venir, le dije que si, que ya lo sabía, pero igual lo iba a extrañar, y aunque él ya no estará aquí para ver lo que está por venir, se que se fue orgulloso de mí y contento de verme crecer hasta donde pudo. El Mago guardó silencio durante los siguientes tres días.



Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros. Peace&Love.

4 de agosto de 2013

Mr. Old Man



Fue por estas fechas, hace un par de años, el Mago aun no hacía acto de presencia y yo ni siquiera consideraba la idea de tener un alter ego como él. Un amigo mío me llamó y me dijo que, unos días antes, había cubierto los gastos para asistir a un congreso que se realizaría en la ciudad de Puebla, en donde habría conferencias y algunas otras cosas, pero en su trabajo le cancelaron el permiso que ya le habían dado (para faltar esa semana), y ya que no podía recuperar su dinero, me preguntó si yo quería ir en su lugar, a lo cual respondí que sí. No tenía muchas cosas que hacer y cualquier cambio de planes dentro de la aburrida agenda de pseudo-nini que llevaba por aquel entonces parecía interesante.

El viaje de Tehuacán a Puebla duró mucho más de lo esperado porque se estaban realizando algunos trabajos de reparación o algo así, pero la persona que me esperaba allá fue muy paciente y me esperó en la terminal de autobuses (hasta dos horas después de la hora señalada). Fuimos en su coche hasta su casa y, en el camino, me comentó que habían llegado más personas de las que esperaban y, por esa razón, su familia le daría hospedaje a un grupo de chicas que venían de la ciudad de México, y yo me quedaría en casa de su vecino, que vivía en la casa de en frente, le dije que no había problema, pero me pregunté si su vecino sería tan amable como él y si yo no sería una molestia para esta persona.

Después de cenar (una cena muy agradable, por cierto), me acompañaron a la casa del vecino, que era un hombre de ochenta y tantos, el cual me recibió amablemente y me invitó a pasar. Se respiraba un aire de solemnidad en aquel lugar. Me ofreció una taza de café y unas galletas (que, con el clima frío y lluvioso, me parecieron un detalle deliciosamente acertado). El hombre se limitaba a ir de aquí a allá sin hablar demasiado, y claro, yo tampoco hablaba (como siempre). Un silencio bastante incómodo que me hizo sentir un poco fuera de lugar: me hubiera quedado en casa, pensé. Después del café, subí al cuarto que aquella persona me señaló y acomodé mis cosas.

Al día siguiente, bajé a desayunar con él, pensando que un silencio incómodo no era tan malo, y al menos así no tendría que comprar mi desayuno en otro lado. Pero, en esta ocasión, él se mostró menos callado y empezó a preguntarme varias cosas (nombre, edad, estudias o trabajas, etc...), él me contó un poco acerca de su vida, y fue así como me enteré de que el pequeño chihuahua que andaba por ahí, siempre inquieto, era ya un anciano (en años de perro), que vivía con él desde que era un cachorro... y que el pobre se estaba quedando ciego (el señor no, el perrito). También me contó que la mujer que aparecía en los cuadros (que estaban por toda la casa) era su esposa, una mujer muy elegante que parecía ser una persona muy risueña, como si la felicidad fuera parte de su personalidad, ella había fallecido un par de años antes; pero al hablar de su difunta esposa él no parecía triste, tal vez un poco nostálgico, pero en su rostro se dibujaba una sonrisa mientras la recordaba, y a ratos, dejaba escapar algún suspiro que sugería que, aun después de tanto tiempo, él seguía muy enamorado de ella.

Después de esa conversación, cada vez que nos sentábamos a la mesa (ya sea para desayunar o cenar), terminábamos hablando sobre varios temas. Él me contó que tenía familiares en Tehuacán, que eran muy conocidos (y sí, si lo son, lo supe por los apellidos que son muy sonados por estos rumbos), pero hacía ya tanto tiempo que no hablaba con ellos. Yo le hablé sobre las ideas que tenía sobre la religión, la espiritualidad, las relaciones personales, y otros temas que surgieron quién sabe de dónde, él estuvo de acuerdo conmigo en varios puntos, y en algunos otros (muy pocos) simplemente se mostró tolerante. Me sorprendió un poco cuando, una mañana, al despedirme de él, me dijo que saldría a jugar tenis (por si regresaba antes y no lo encontraba en casa) y que en ocasiones se ponía a jugar futbol con los niños que vivían cerca de su casa; es una persona muy activa, pensé, ojalá yo pueda tener esa vitalidad cuando llegue a su edad. Aquel día compré mi comida en el comedor que habían "improvisado" dentro de las instalaciones en donde se realizaba el congreso, y me sentí un poco raro al no tener una conversación como las que había tenido con mi anfitrión en ocasiones anteriores, además de que nunca me ha gustado estar rodeado de muchas personas (y miren que el lugar estaba completamente lleno). El congreso era organizado por una sociedad cristiana, y aunque todos los asistentes parecían irradiar un aura de compañerismo, amistad, unión, y todas esas cosas, yo nunca me sentí parte del grupo, creo que nunca he logrado encajar correctamente dentro de un grupo, y mientras más grande es éste, más extraño me siento yo. En fin, escuché las conferencias sin hacer mucho caso a mi carácter poco sociable y me la pasé bien.

Al sentirse más en confianza, aquel hombre empezó a contarme muchas más anécdotas: sobre él, su esposa, sus hijos, sus amigos, etc... y hasta sacó la marimba que tenía guardada por ahí y tocó algunas canciones que interpretaba con sus amigos hacía ya varios años, cuando habían formado un trio, amigos a los cuales ya casi nunca veía.

El último día que estuve en aquel lugar, conversé nuevamente con aquel hombre (si no he mencionado su nombre es porque en realidad no lo recuerdo, ni siquiera recuerdo su rostro, pero su compañía y sus palabras me hicieron tanto bien en aquel tiempo que le estoy muy agradecido), en esta ocasión yo hablé muy poco, y sus palabras, menos triviales y más profundas parecían llegar en el momento preciso, meses después yo conocería al mago, y como mi alter ego, me recordaría algunos consejos que este hombre me dio antes de despedirme de él, aquel día: cosas sobre la vida, las relaciones con las demás personas, la espiritualidad, la introspección; incluso llegó a decirme que le parecía correcta la forma en que manejaba mi soledad, pero que no era apropiado para alguien como yo estar solo, y aun así, cuando llegara la persona indicada, yo sabría qué hacer. No supe que responder a todo esto y simplemente escuché con atención y le di las gracias por todos estos consejos.

Desayunamos algo ligero y, al terminar, su vecino tocó a la puerta y me dijo que ya estaba listo para llevarme nuevamente a la terminal, empaqué mis cosas y nos fuimos. El viaje de regreso transcurrió sin contratiempos. Al llegar a casa tuve la sensación de que todo esto había servido de algo, y que eventualmente esos consejos me ayudarían en algún momento.


Hoy me acordé de aquella persona mientras desayunaba, y aunque lo intenté, no pude recordar su nombre ni su rostro. Supongo que no hace falta, lo importante es que llegó en el momento preciso y en el lugar indicado. En donde quiera que esté, Gracias.
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