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21 de agosto de 2014

Outside...

El cielo está lleno de estrellas, pero desde aquí no suelen verse muchas. Bajo la mirada y camino. Recuerdo las noches que pasaba en casa, bajo aquel cielo lleno de estrellas, al lado de aquel árbol que hace algunos años cobijó el surgimiento de lo que después yo llamaría: "El Mago" (éste es el primer misterio, la llave al otro lado del espejo).

Al caminar por la calle todo me parece similar a los lugares que solía frecuentar, cuando mis soledades internas necesitaban salir a dar un paseo por la ciudad; algunas personas incluso me han llegado a parecer copias de las personas que yo veía frecuentemente, como si todo fuera una escenografía dispuesta para hacerme sentir un poco más cómodo. Debo confesar que ésto último provocó en mí cierto conflicto durante mis primeros días en este lugar. La realidad puede ser algo compleja a veces.

Pero al subir a la azotea del edificio en donde ella vive, puedo ver las luces de la ciudad que se extienden a lo lejos. Entonces imagino que las estrellas han descendido y ahora miran expectantes, al cielo, igual que todos nosotros; miro también hacia arriba y siento que algo está a punto de suceder, porqué otra razón sucedería algo tan surrealista como esto. Miro al pasado y me doy cuenta de que esa persona que fui alguna vez empieza a ser cada vez más distinta de la persona que soy ahora, y probablemente será aun mas distinta de la persona que seré dentro de algunos años. Mis tristezas y alegrías se mezclan tanto que a veces es difícil distinguir unas de otras. Aún así, una voz, venida de ningún lugar y de todos los lugares a la vez, dice: adelante, todo está bien. Miro hacia todos los lugares y respondo a Nadie/Todo con un gesto afirmativo (referencia al Ser que bien podría identificarse con la figura de Dios en el relato Fuera del Tiempo).




Y continúo.

Cuando pensé en un punto desde dónde empezar a escribir éste último post, la primera imagen que me vino a la mente fue la de aquella novela gráfica (The Sandman), en donde Morfeo acude al Infierno para enfrentarse a Lucifer, solo para enterarse de que éste ha tomado una decisión drástica: dejar de ser el señor de ese lugar, expulsar a los habitantes del mismo, y cerrar todas las puertas del infierno, para dejar de ser una herramienta más del Creador. En comparación, creo que éste sitio ha llegado a ser una especie de Purgatorio para mí. Ahora, ha llegado el momento de cerrar la última puerta.

Pero de la misma manera en que la Estrella del Alba salió de las páginas de The Sandman para renacer como Señor de su propio universo dentro de su propia serie (aquí ya no hablamos del argumento interno de sus historias si no de asuntos editoriales, menos fantásticos, y más realistas y cotidianos), yo también he pensado en seguir escribiendo, actualmente lo he hecho en cuadernos de notas, en donde he estado registrando los hecho que me han llevado desde mi origen hasta donde estoy ahora. Curiosamente, al escribir, he llegado a sentir que algunas de esas vivencias suceden en el mismo momento en que las escribo (y no puedo evitar pensar en aquella película en donde Ashton Kutcher viaja al pasado a través de sus diarios).

Otras cosas han estado rondando en mi cabeza, y en algún momento he pensado incluso en escribir algún e-book y distribuirlo de manera gratuita, tal como lo ha hecho Paula Ithurbide (una autora que conocí hace algunos años a través de sus libros y su blog): http://www.paulaithurbide.com/. Pero aun debo pensarlo bien antes de decidir qué sigue.

Tampoco quiero caer en el cliché del último post del blog en el que me despido lacrimosamente (aunque tal vez ese cliché ya vaya implícito desde la primera línea de este texto. Mea Culpa), pues nunca consideré que el escribir en éste blog fuera parte de una moda. Nunca me gustó que, al hablar con otros bloggers, éstos mencionaran que formaban parte de la primera o segunda generación de bloggers, o que a mí me tocó ingresar a este "selecto grupo" después de que los primeros ya empezaban a retirarse, como si en algún momento todos se hubieran puesto de acuerdo para iniciar un movimiento o algo así. Considero más bien que cada quien escribe cuándo y cómo se le da la gana. Esto no fue una moda, fue una necesidad. La necesidad persiste, pero ya habrá otros medios para satisfacerla.

Por el momento eso es todo, esta puerta se cierra y yo me retiro hacia adentro para concluir lo que aquí ha iniciado...


(Si alguien desea comunicarse conmigo, bien puede hacerlo a través de las redes sociales o enviándome un e-mail a luis.elbert89@gmail.com).


15 de agosto de 2014

El penúltimo post

Por si no lo pudieron leer en facebook (o tumblr o twitter):

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Es oficial:

Se ha llegado a un punto en el que consideramos necesario "cerrar" ambos blogs.

Desde el primer post hasta los últimos pasamos por tantas cosas, todas ellas reflejadas en cada nueva actualización del blog, pero después de meditar sobre el tema durante varios días hemos decidido concluir de manera definitiva ambos "web logs".

Si bien mi gusto por la lectura/escritura aun permanece, tal vez deba considerar otros puntos de difusión, quizás también me tome más en serio y empiece a pulir lo que hasta hace poco era solo un pasatiempo; pero eso es algo que se decidirá posteriormente.

Desconozco los datos que muestran las estadísticas del blog, pero estoy consciente de que ya son muy pocos los que visitan periódicamente mis blogs (yo mismo he dejado de leer la mayoría de los blogs que antes leía sin falta), es por eso que este aviso se publica primeramente en las redes sociales (¡ja!, un antisocial dependiendo de las redes sociales), para que no digan que no les avisé :v

Éste no es el último post, es más bien el penúltimo (no se porqué, pero el Mago me ha pedido que se haga de esta manera). Nos leemos en el futuro.

Y como dijera Neruda: ahora contaré hasta doce, y ustedes se callan y me voy :)

Fin del comunicado.

Por si aun no conocían los dos blogs:

http://uncronopiollamadomago.blogspot.mx/

http://pieces-of-my-head.blogspot.mx/

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El último post, tanto en éste como en el otro blog, será publicado esta semana...

7 de febrero de 2014

Otro adiós inesperado

Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.



El domingo pasado me levanté poco después de las 8 de la mañana, un poco cansado, no había nadie en casa y no había nada para desayunar, lo cual no era muy raro, sin embargo, algo me hacía pensar que no todo estaba bien, pero ignoré ese extraño presentimiento y me metí al baño. Tenía algunos planes para ese día, pero apenas salí del baño supe que ese día no haría nada de lo que había planeado.

Mi madre había llegado a casa y, apenas me vio, se acercó a mí, para decirme lo que menos esperaba escuchar aquella mañana de domingo: tu tía acaba de morir.

Escuché la noticia, e intenté aceptar el hecho de que mi tía ya no estaba aquí. Me quedé callado por un momento, y mi madre volvió a decirme lo mismo, un poco más alterada, así que intenté calmarme y calmarla a ella (qué más podía hacer). Ella me pidió que fuera a casa de mi abuela para acompañarla y se fue. Tardé un buen rato sentado al lado de mi cama simplemente pensando. No quería ir para escuchar cómo mi abuela lloraba, porque sabía que no podría consolarla, y que en ese momento yo también empezaría a llorar; pero no podía quedarme aquí, así que decidí ir.

En cuanto entré a la casa pude escuchar el llanto de mi abuela; apenas seis meses antes había fallecido mi padre, y ahora le tocaba ver morir también a su hija. Mi abuela se encontraba sentada en una silla de madera, y el cuerpo de mi tía estaba a sus pies, sobre un petate, cubierta con una sábana blanca. Por la forma que había tomado aquella sábana pude adivinar que habían acomodado sus manos sobre su pecho, de la misma forma en que yo acomodé las manos de mi padre, hace seis meses.

Me senté al lado de mi abuela, y recordé. Dicen que cuando uno muere ve pasar toda su vida frente a sus ojos, y pensé, que los que nos quedamos también recordamos todo lo que vivimos junto a esa persona que ya no está, la vida de los que se van también pasa frente a nosotros, y de manera más lenta y nostálgica. Y así fue. Recordé. Desde ese momento empecé a recordar todo lo que esa mujer hizo por mí.

Ella nunca se casó. Supe que en su juventud tuvo un novio, pero nunca consumaron esa relación. Así que consagró su vida entera a servir a su familia. Siendo muy pequeña, ya se encargaba de cuidar de mi padre, y después, de mi tío también. Sus padres (mis abuelos) eran campesinos, que salían de casa, dejándola a ella con la responsabilidad de alimentar y cuidar a sus hermanos. Cuando mi padre se casó con mi madre y adoptó a los hijos que mi madre había tenido con su primer esposo, mi tía también se preocupó por ellos. Mi abuela me contó este domingo, cuando uno de mis hermanos llegó a la casa para ver si podía ayudar en algo, que cuando mi madre regañaba demasiado a mis hermanos, mi tía lloraba y a escondidas los llamaba para hacerlos sentir bien. Cuando nací yo, mi tía olvidó las diferencias que tenía con mi madre (pues ni ella ni mi abuela aprobaban que mi padre se hubiera casado con una mujer que ya tenía hijos), y yo pasé a ser el hijo que ella siempre quiso pero nunca pudo tener. No demostraba abiertamente sus emociones, pero yo sabía lo que ella sentía por mí y le correspondía, pues para mí fue como una segunda madre.

Siempre fue una persona sencilla, al ser la única mujer en la familia se dedicó a las labores del hogar, mientras sus hermanos asistían a la escuela para aprender a leer y escribir; ella nunca leyó un libro, nunca aprendió a escribir ni siquiera su nombre, cuando yo empecé a ir a la escuela jugaba a enseñarle a escribir, pero ella siempre decía que no podía, y yo, tan necio como siempre, insistía y la obligaba, hasta que ella cedía y dibujaba algunos garabatos para tener contento a su sobrino. Su humildad me enseñó demasiadas cosas, y lo agradezco infinitamente.

A los que no la conocían la miraban de manera extraña al notar la psoriasis que ella padecía y que era visible en sus brazos, pero para mí no era extraño, de hecho, ni siquiera recuerdo cuándo fue que empezó a padecer esa enfermedad, pues en las fotos más viejas que tengo junto a ella su piel tiene una apariencia normal. Aún en sus últimos días, a pesar de que apenas podía caminar (encorvada) y con dolores en todo el cuerpo, se preocupaba por su familia, atendía a su madre y preparaba la comida para todos (para mi abuela, mi tío, e incluso para mí, pues siempre preparaba la comida esperando que yo pasara por su casa y comiera con ellos).

Ya llevaba tres días sin comer, apenas comía algo y lo volvía a vomitar; debí sospechar que algo andaba mal el jueves, cuando nos sentamos a comer y yo le pregunté si ella no nos acompañaría también, simplemente me respondió que ya había comido antes, en la cocina, sonrió un poco y cambió el tema; quién hubiera imaginado que tres días después ella ya habría muerto. Mi abuela me contó que un día antes le pidió a mi tío que insistiera para que mi tía comiera un poco, pero él le respondió con cierta tristeza que mi tía no comería nada aquel día.

El domingo aun despertó, a las seis de la mañana, y le dijo a mi abuela que se levantaría para alimentar a sus aves de corral, a quienes unos días antes (cuando empezó a sentirse mal) les había dicho que debían comer lo que les daba porque pronto moriría y entonces no habría quien los alimentara como ella lo hacía. Tambien quiso mucho a sus aves, incluso a los gorriones y a las palomas que de vez en cuando se posaban en los árboles de su patio para ponerse a cantar. Recuerdo el día en que se puso a llorar porque una piedra lanzada desde alguna resortera anónima había hecho que una paloma cayera muerta en su patio.

Aquel domingo, después de contarle a mi abuela lo que pensaba hacer aquel día, vomitó por última vez, se recostó junto a mi abuela y cerró los ojos. Mi abuela entendió lo que había pasado y llamó a mi tío, que intentó despertarla, pensando que solo se había desmayado por estar tan cansada, pero ella ya no volvió a despertar.


El lunes por la tarde la sepultamos, estuve al lado de su cuerpo desde que salió de su casa, de camino hacia la iglesia, y después hacia el panteón, y no pude evitar pensar que era casi el mismo recorrido que hacíamos cuando, siendo muy pequeño, la acompañaba a la plaza todos los domingos, esperando que después de que ella hiciera sus compras, me comprara a mi también un juguete o alguna otra cosa en las tiendas del centro. Su ataúd era blanco, pues murió siendo virgen, dedicando su vida entera a cuidar de sus hermanos, sus padres, sus primos, a los hijos de su cuñada y a mí. Un ataúd blanco, que llevaba en su interior un cuerpo que ya empezaba a descomponerse (una imagen que prefiero no recordar). Cuando llegamos al lugar que se había preparado para ella decidí no apartarme de su lado, y continué llorando, sin que me importara que las personas que nos acompañaban me miraran con lástima, mi madre también lloró bastante, y mi tío, que casi siempre aparenta ser una persona fría, dejó que sus ojos se humedecieran y también terminó llorando por su hermana. Él ataud descendió y me incliné para echar un puño de tierra. Creo que en el fondo no quería dejarla ir, pero ya se había ido. Regresé a casa antes que los demás y terminé de llorar, a solas. Cuando el llanto se me acabó me sentía tan cansado que me quedé dormido hasta el día siguiente.

Ella siempre bromeaba diciendo que cuando muriera regresaría para jalarme los pies mientras dormía, pero si llega a regresar, dudo que sea para hacer eso. La quise demasiado y siempre la voy a recordar y extrañar; sé que cuando a mi me toque partir y vea toda mi vida pasar frente a mis ojos, ella será una parte muy importante de ese último recuento. Ahora sus restos descansan junto a los de mi padre y mi abuelo... y yo la recuerdo con algunos versos de aquel poema de Sabines, que siempre me hacía sentir cierta nostalgia, imaginando el día en que ella se fuera para siempre.


Sofía virgen, vaso transparente, cáliz, 

que la muerte recoja tu cabeza blandamente 
y que cierre tus ojos con cuidados de madre 
mientras entona cantos interminables. 
Vas a ser olvidada de todos 
como los lirios del campo, 
como las estrellas solitarias; 
pero en las mañanas, en la respiración del buey, 
en el temblor de las plantas, 
en la mansedumbre de los arroyos, 
en la nostalgia de las ciudades, 
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta. 

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia, 
con una cruz pequeña sobre tu tierra, 
estás bien allí, bajo los pájaros del monte, 
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

31 de diciembre de 2013

El post que no iba a escribir pero que hacía falta para despedir al 2013 (pffff... qué título tan largo, ¿no?)

Hay una vieja maldición, dice: Ojalá vivas tiempos interesantes.



Éste iba a ser un post en el que enlistábamos los libros que habíamos leído en el 2013, pero hemos decidido hacer algo más sencillo, solo para despedir el año.

Debo confesar que esta noche es muy distinta a como me la había imaginado, esperaba estar acompañado de mi familia, solo por disfrutar de su compañía, y también con una persona especial, que por causas de fuerza mayor tuvo que postergar su visita (solo por algunos días); a diferencia de todo eso, en este momento estoy... en casa, solo, escribiendo este post, y con una gripa que me pide insistentemente que deje de escribir y me meta a la cama jeje. No es tan malo, la verdad es que siempre he disfrutado de la soledad, y este momento a solas, en la última noche del año, me sirve para reflexionar un poco.

Fue un año muy difícil, pues pasé por una etapa oscura en la que llegué a cuestionarme sobre muchas cosas y a dejar de creer en otras más. Descubrí una nueva especie de soledad que no había experimentado antes, pero que me ayudó a conocerme un poco mejor. Estando en medio de todo eso llegué a reconocer en mi interior a otro álter ego, que vendría siendo el opuesto del Mago, y cuyo nombre solo conoce la persona que mencioné en el párrafo anterior.

Este año, también, murió mi tío (el cuñado de mi madre) y mientras su cuerpo estaba siendo velado y todos estábamos ahí, acompañando a mi tía, mi padre descansaba en su cama y cerraba los ojos para dormir, por última vez. Aquella noche de Agosto, él murió, y como si ambos lo hubiéramos decidido así, las circunstancias fueron propicias para que estuviéramos solos por un buen rato; y aproveché para abrazarlo y despedirme de él por última vez. Cuando mi padre murió, la soledad que él me enseñó a crear a mi alrededor y en la que yo me refugiaba, empezó a ser invadida... y eso me llevó a revivir nuevamente la etapa oscura que yo pensaba que ya había superado, apenas vengo saliendo de ella, arrastrando todavía algunas extrañas sombras que me cuesta reconocer.

Pero no todo fue oscuridad y pérdida. Este año volví a involucrarme sentimentalmente con una chica muy especial, alguien a quien quiero mucho. Es curioso porque ya llevábamos un buen tiempo encontrándonos de vez en cuando por ahí, sin fijarnos demasiado el uno en el otro, solamente sintiendo un pequeño interés pero sin pasar de eso... y un día, de manera inesperada, empezamos a acercarnos un poco más, y sucedió lo que tenía que suceder. Aunque hemos tenido momentos difíciles agradezco el haberla conocido. Y no puedo evitar sonreír al recordar la advertencia que ella me hizo: "Prepárate para la etapa más interesante de tu vida". Pues si, ha sido tal como ella ha dicho, y la amo ^^


Y, nada, faltan pocos minutos para que el año termine, así que me despido.

Nos leemos el próximo año.

Peace&Love

23 de diciembre de 2013

Tres sueños




Una semana después de su partida soñé con él por primera vez. Lo extrañaba, es cierto, pero también es cierto que lo dejé ir desde el momento en que vi su cuerpo inerte y supe que él ya no estaba ahí. En el sueño, yo desconocía su muerte, y hablaba con él sin verlo, como en aquellas conversaciones cotidianas en las que solo hacía falta escuchar la voz del otro para sentirnos un poco menos solos. Yo le presumía los libros que había adquirido (en el sueño) y él me sugirió que acomodara los libros que ya tenía y que ya había leído, para hacer más espacio para mis nuevas adquisiciones. Escuchaba sus palabras atentamente mientras veía mis libros, y la oscuridad empezaba a hacerse presente; entonces cerré los ojos por un momento... cuando los abrí pude ver la luz de la vela que estaba junto a su foto. Eran las 4 de la mañana y yo había soñado con él.

No... él ya no estaba aquí, y ya no me escucharía leer mis libros; no le hablaría nunca más sobre Julio Cortázar, sobre Alejandra Pizarnik, sobre Terry Pratchett, ya no podría leerle Fahrenheit 451 (una semana antes le había leído el final, y esperaba poder leerle el libro completo), el único libro que compartimos juntos de principio a fin fue El Profeta, de Gibrán Jalil.

En la cama de al lado dormían mi madre y mi hermana, yo ya no pude dormir aquel día.

Varias noches después volví a conversar con él en un sueño, aunque no recuerdo de qué hablamos. Él estaba sentado en la orilla de la cama y me pidió que lo ayudara a ponerse de pie; al acercarme pude notar que había perdido la movilidad en la mitad de su cuerpo, su brazo descansaba sobre su pierna, y al verlo a la cara pude ver que la piel de la mitad del rostro le colgaba de una manera extraña y le impedía hablar claramente... solo lo abracé, él no podría mantenerse en pie. También recuerdo que en aquel sueño temblaba (al menos la mitad del cuerpo que aun podía mover), por el parkinson.

Desperté con esa imagen de mi padre en la cabeza. No quise hablar de esto con nadie (hasta ahora).

Estuve varios días pensando cómo había cambiado todo por aquí, reflexionaba sobre la ausencia de mi padre, llovía mucho y pensaba también en su cuerpo, enterrado bajo la tierra húmeda. En cierta ocasión, pensando en todo eso, una imagen apareció en mi mente, una imagen de la cual prefiero no hablar en este momento.

Por aquellos días (creo que ya había pasado un mes después de su muerte), soñé por última vez con él. En esta ocasión él me hablaba claramente, pero su cuerpo... su cuerpo estaba "tendido" sobre una mecedora, sus huesos ya no lo sostenían... no... de hecho, se había quedado sin huesos, y permanecía ahí, recostado, observándome mientras me hablaba; intenté levantarlo, lo tomé entre mis brazos (recordando que 24 años antes él me cargaba en brazos, y que antes de su muerte yo lo había cargado un par de veces para acomodarlo en la cama, en aquellas ocasiones en las que las fuerzas no le alcanzaban para hacerlo él mismo); hablé con él por un rato, aunque no puedo recordar nada de esa conversación, solo que estaba consciente de que él había muerto, y estaba contento, porque estaba ahí otra vez, conmigo. Desperté y me quedé pensando en cómo lo había visto; era como si, en mis sueños, él empezara a desvanecerse.

Sabía que no volvería a soñar con él, por alguna extraña razón lo sabía. Y acepté no volver a verlo, ni siquiera en sueños. Como dije en su momento, el Mago me preparó (unas semanas antes de su muerte) para decirle adiós cuando el momento llegara, y así fue.

Él fue un gran padre para mí, y también fue un maestro, y un amigo. Ahora que él se fue, yo me quedo con todo lo que me dejó. Y agradezco haberlo conocido, el tiempo que él estuvo aquí.

Uhmmm... estaba pensando que ésta será la primera navidad que pasemos sin él... pero, bueno, como no quiero ponerme nostálgico, mejor damos por finalizado este post. Nos leemos luego, damas y caballeros.


Peace&Love 

10 de agosto de 2013

The king is dead, long live the king!


Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia es estar mirando un cielo nocturno con un par de estrellas salpicadas en él, mientras yo descansaba en los brazos de mi padre; ese cielo se quedó muy grabado en mi memoria y la sensación de tranquilidad y seguridad que sentía en aquellas noches creó un lazo muy fuerte entre mi padre y yo. Mi madre dice que en aquel tiempo, mi padre me cargaba en brazos por las noches, y podía pasar horas así, esperando a que yo me quedara dormido.


Eso fue hace poco más de veinte años. Hace unos días, el martes, a la 1:15 de la mañana, para ser exactos, yo regresaba del velorio de mi tío (el cuñado de mi madre), y como siempre, apenas entré a casa, le avisé a mi padre que ya había llegado para ver si necesitaba algo, al no haber respuesta, me acerqué a donde él dormía para despertarlo. Una vez más, no hubo respuesta. Me pasé del otro lado de la cama para que él me pudiera escuchar mejor, pero seguía sin despertar. En ese momento, el Mago me dijo que el momento del que tanto habíamos hablado (el mago y yo) por fin había llegado. Quise creer que no era así, que mi padre solo estaba profundamente dormido. Pero no ocurrió nada. Me quedé ahí, de pie, junto a él. Lo observé por un largo rato, quería que su imagen quedara grabada en mi mente, para no olvidarlo tan fácilmente. Y después me di cuenta de que una oscura y espesa soledad había empezado a cubrirme.

Salí a ver a mi sobrino, que había regresado conmigo a casa. Supongo que al verme supo lo que estaba pasando, yo solo lo vi y no le dije nada. Salí al patio, pensando en lo que debía hacer, mi madre y mis hermanos seguían en el velorio y con el celular sin saldo, no podía comunicarme con ninguno de ellos.

(Debo aclarar que cuando hablo de mis hermanos me refiero a mis hermanastros; pero cuando mi padre se casó con mi madre se responsabilizó de ellos como si fueran sus hijos, y eso hizo que ellos sintieran un gran cariño y respeto hacia él, a pesar de que él no era muy dado a dar muchas muestras de afecto)

Entonces me sentí solo. Pero era una soledad ajena a mi (y al mago), una soledad que he experimentado muy pocas veces y que no es tan confortante como la soledad a la que estoy acostumbrado. Siempre consideré que mi modo de relacionarme con los demás era similar al de mi padre, siempre apartándome del resto, creando una barrera alrededor de mí para no dejar que nadie (o casi nadie) me conociera por dentro; y aun así, había algo en su soledad que encajaba muy bien con la mía, como si al hacernos compañía nuestra soledad no disminuyera, y eso no activara un mecanismo de defensa al sentirnos invadidos. Podíamos estar solos estando juntos. Yo lograba entenderlo y él me entendía a mí. Pero en ese momento él ya no estaba "aquí", y eso me hacía sentir mucho más solo que antes.

Regresé a donde se encontraba el cuerpo de mi padre y lo abracé, me acerqué a su oído y le di las gracias por todo lo que él había hecho por mí, con las palabras que había guardado durante tanto tiempo para ese momento; al terminar le di un beso en la frente y no pude evitar sentir un nudo en la garganta y un ligero dolor en el pecho. Sé que él ya no se encontraba ahí, pero el mago y yo consideramos necesario hacer todo esto, para despedirnos de él, aunque sea de manera simbólica.

Recordé que uno de mis sobrinos se conectaba hasta muy altas horas de la noche en facebook y logré comunicarme con él, le dije que les avisara a sus padres y a sus tíos lo que había ocurrido, y salí nuevamente al patio, cerca de las plantas que mi padre había sembrado y me senté a esperar. Media hora después mis hermanos llegaban a casa con mi madre, y desde el patio pude escucharlos llorar por él; yo quise estar solo, por un rato más. Después entré y me dejé contagiar por la tristeza que mi madre sentía en ese momento.

Desde que yo era muy pequeño me preguntaba porqué no veía muchas muestras de afecto entre mis padres, como sucedía con otras parejas que yo veía (besos, abrazos, etc...), pero en aquel momento, al ver a mi madre llorar y recordar todo lo que mi padre había significado para ella, me di cuenta de que a pesar de que mi padre siempre se mostraba frío y distante, en el fondo, lo que lo unía a mi madre era algo mucho más fuerte que el amor. Mi madre cuidó de él hasta él último momento y mi padre la quiso, a su manera, pero con todo el amor que él podía sentir hacia otra persona.

Hace ya casi una semana que él no está aquí, pero no estoy triste, en serio. Si he llorado ha sido únicamente porque he visto llorar a mi madre y a mi abuela, y en ese sentido, siempre he sido demasiado sensible. Lo quise demasiado, y aunque muy pocas veces se lo dije, se que no hacía falta, él sabía lo que yo sentía, después de todo, fui su único hijo, y lo conocía tan bien como él me conocía a mí.

Hay muchas cosas que contar sobre él, pero ya habrá tiempo para eso, después. Por el momento, me quedo con un fragmento del último libro que leí en voz alta para él, un día antes de que él se fuera.


LA MUERTE

(Fragmento de El Profeta, de Gibran Kahlil)

Almitra, entonces, habló, diciendo: Os preguntaríamos ahora sobre la Muerte.

Y él respondió:

Desearíais saber el secreto de la muerte.

¿Pero cómo lo encontraréis a menos de buscarlo en el corazón de la vida?

El mochuelo, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz.

Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también.

En el arcano de vuestras esperanzas y deseos reposa vuestro conocimiento silencioso del más allá.

Y, como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.

Confiad en los sueños, porque en ellos el camino a la eternidad está escondido.

Vuestro miedo a la muerte no es más que el temblor del pastor cuando está en pie ante el rey, cuya mano va a posarse sobre él como un honor.

¿No está, acaso, contento el pastor, bajo su miedo de llevar la marca del rey?

¿No lo hace eso, sin embargo, más conciente de su temblor?

Porque, ¿qué es morir sino erguirse desnudo?

Y, ¿qué es dejar de respirar, sino el liberar el aliento de sus inquietos vaivenes para que pueda elevarse y expandirse y, ya sin trabas, buscar a Dios?

Sólo cuando bebáis el río del silencio cantaréis de verdad. Y, cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña es cuando comenzaréis a ascender.

Y, cuando la tierra reclame vuestros miembros, es cuando bailaréis de verdad.


Aquella noche, después de estar con mi madre y mis hermanos, yo quise estar a solas, y fui a casa de mi abuela, entonces el Mago aprovechó para decirme que era necesario que todo esto sucediera así, para poder dar paso a lo que estaba por venir, le dije que si, que ya lo sabía, pero igual lo iba a extrañar, y aunque él ya no estará aquí para ver lo que está por venir, se que se fue orgulloso de mí y contento de verme crecer hasta donde pudo. El Mago guardó silencio durante los siguientes tres días.



Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros. Peace&Love.
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