3 de junio de 2013

Cosas que pasan...

Hace algunos días (para ser exactos, el 21 de mayo del año en curso), al regresar a casa después de mi primer día de trabajo, tuve la sensación de que algo no andaba bien, algo andaba fallando en algún lugar, y lo peor de todo era que solo estaba consciente de saber que algo estaba mal, pero no sabía qué era (esa intuición de mago siempre se queda a medias).  En vista de que todo parecía estar en su lugar, decidí tranquilizarme y fingir sorpresa en caso de que algo sucediera.

Durante la cena no hubo nada fuera de lo común, pero justo cuando estábamos terminando, llegaron las malas noticias. Mi tía y uno de mis hermanos llegaron con una cara de preocupación que nos intrigaba tanto a mi madre como a mí.

Después de darle varias vueltas al asunto, mi tía decidió ir al grano: unos agentes judiciales habían detenido a mi hermano esa misma tarde. En ese momento pensé que, como en alguna otra ocasión, lo habían detenido por alguna simpleza, pero había algo en la cara que ponía mi otro hermano que me decía que esto iba más allá de lo que yo pensaba, después de todo, él no suele preocuparse demasiado por cosas simples.


Lo que sucedió fue lo siguiente: hace aproximadamente un mes, la empresa en la que trabajaba mi hermano (como gerente general de una de sus lineas) decidió cerrar la linea en la que él trabajaba, dejando a varios trabajadores sin empleo y sin liquidación. Cuando esto sucedió, mi hermano decidió no involucrarse en el problema, así que tomó su camioneta (la camioneta que le había regalado su jefe hace unos 5 años, como premio por haber logrado una buena producción en el tiempo que él había llevado como gerente) y abandonó el lugar sin exigir su liquidación ni meterse en más líos. Los trabajadores demandaron a la empresa y no descansaron hasta lograr que la empresa les pagara lo que ellos exigían. Hasta ahí todo parecía indicar que ese capítulo ya estaba cerrado. Sin embargo, aquel martes, mi hermano había salido con su esposa en su camioneta (afortunadamente mi sobrina de 3 años se había quedado con mi madre), y de repente, otra camioneta se le atravesó, cerrándole el paso, y lo que sucedió a continuación fue que unos judiciales aparecieron y le informaron a mi hermano que estaba detenido. Él bajó de la camioneta y sin mostrar resistencia accedió a ir con ellos.

Su ex-jefe lo había acusado de haberse robado la camioneta que él tenía en su posesión, afirmando que esa camioneta era propiedad de la empresa y que mi hermano tenía que devolverla en el momento en que él dejara de trabajar en ese lugar. Sin embargo, aunque esta persona conocía la dirección y los números telefónicos de mi hermano, nunca se comunicó con él para informarle que tenía que devolver ese vehículo (que, como dije anteriormente, había sido un "premio por producción"). Además de eso, había otras acusaciones, pero lo de la camioneta era el punto principal de la demanda. Según lo que me contaron, la abogada que tomó el caso de mi hermano no parecía lograr ningún avance en el caso, lo que provocó que el jueves de esa misma semana mi hermano fuera trasladado al penal de la ciudad de Tehuacán. Lo único que logró esta abogada fue ampliar el plazo que habían dado para demostrar que mi hermano era inocente. 

Uno de mis tíos, preocupado por cómo iban las cosas, sugirió que llamaran a otro abogado, el cual mostró verdaderos avances desde el primer día en que llegó a la ciudad (él venía de Puebla). Yo simplemente veía lo preocupados que estaban todos y apenas podía informarme de lo que sucedía por las conversaciones que escuchaba en casa. Mi hermano llegó a comentarme que cuando ellos vieron a mi hermano mayor con la cabeza rapada y con ropas que no eran suyas, mi madre y mi tía no pudieron contenerse y se pusieron a llorar, en ese momento la persona que acusaba a mi hermano y su abogado se rieron de ellas con una gran satisfacción, lo que hizo que mi hermano sintiera una gran impotencia al no poder hacer nada para evitar esa situación. Debo aceptar que cuando él me contaba todo eso yo también me sentí bastante molesto, ya que mi hermano había trabajado en ese lugar durante varios años y no era justo que estas personas le pagaran de esta manera.

Lo que comentaban por aquí era que el dueño de la empresa había quedado resentido por haber perdido aquella demanda que los trabajadores habían impuesto contra él, y que a cambio, quería desquitarse con mi hermano, ya que cuando se cerró la linea en la que él trabajaba, se le ofreció un puesto en otra linea, pero mi hermano rechazó la oferta y decidió trabajar por su propia cuenta.

Al final todo salió bien, el miércoles de la semana pasada mi hermano salió libre (gracias a varias personas que declararon a su favor). Nunca he sido bueno demostrando afecto pero igual me presenté esa misma noche (junto con mis otros hermanos y algunos otros miembros de la familia) para darle un abrazo y acompañarlo un rato. Después de cenar en familia, decidí retirarme, ya que al día siguiente tenía que levantarme temprano. Seguramente varios pensaron que mi actitud, al ser el primero en irse del lugar, era un tanto apática, y hasta cierto punto eso es cierto (nunca me ha gustado estar rodeado de mucha gente), pero también es cierto que me alegraba saber que mi hermano estaba bien y que por fin había regresado a casa.

Ojalá pudiera demostrarles lo mucho que me importan, pero por el momento me conformo con saber que todos ellos están bien, y que si uno cae, todos estarán ahí para apoyarlo :)


Nos leemos en el siguiente post, damas y caballeros. Peace&Love



PD: buscando alguna imagen para este post fui a dar con una página de noticias en donde mencionan el robo de la camioneta antes mencionada.

2 viajeros han dicho:

Alexander Strauffon dijo...

Lamento que les haya sucedido eso.

En esas situaciones en que hay un "regalo" de una propiedad, en este caso el vehiculo, hay que asegurarse que desde un principio pongan papeles, propiedad, y quede de alta en todos lados a nombre de uno. Que EN VERDAD sea de uno. Si no, no lo es, aunque lo estes usando. Y basta una llamada telefonica para acusarte de delincuente.

Ojala puedan encontrar gente de los medios dispuestos a relatar la historia, y que la persona que hizo esto sepa lo que es tener su nombre manchado.

Meri Ruiz dijo...

En las grandes empresas te idolatran y sos Dios mientras les sirvas, cuando no te necesitan más, te dan una patada y no existís más. Nada de "la vida por la empresa", la familia de uno es lo único que tiene verdadero valor. Saudos!

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