21 de agosto de 2014

Outside...

El cielo está lleno de estrellas, pero desde aquí no suelen verse muchas. Bajo la mirada y camino. Recuerdo las noches que pasaba en casa, bajo aquel cielo lleno de estrellas, al lado de aquel árbol que hace algunos años cobijó el surgimiento de lo que después yo llamaría: "El Mago" (éste es el primer misterio, la llave al otro lado del espejo).

Al caminar por la calle todo me parece similar a los lugares que solía frecuentar, cuando mis soledades internas necesitaban salir a dar un paseo por la ciudad; algunas personas incluso me han llegado a parecer copias de las personas que yo veía frecuentemente, como si todo fuera una escenografía dispuesta para hacerme sentir un poco más cómodo. Debo confesar que ésto último provocó en mí cierto conflicto durante mis primeros días en este lugar. La realidad puede ser algo compleja a veces.

Pero al subir a la azotea del edificio en donde ella vive, puedo ver las luces de la ciudad que se extienden a lo lejos. Entonces imagino que las estrellas han descendido y ahora miran expectantes, al cielo, igual que todos nosotros; miro también hacia arriba y siento que algo está a punto de suceder, porqué otra razón sucedería algo tan surrealista como esto. Miro al pasado y me doy cuenta de que esa persona que fui alguna vez empieza a ser cada vez más distinta de la persona que soy ahora, y probablemente será aun mas distinta de la persona que seré dentro de algunos años. Mis tristezas y alegrías se mezclan tanto que a veces es difícil distinguir unas de otras. Aún así, una voz, venida de ningún lugar y de todos los lugares a la vez, dice: adelante, todo está bien. Miro hacia todos los lugares y respondo a Nadie/Todo con un gesto afirmativo (referencia al Ser que bien podría identificarse con la figura de Dios en el relato Fuera del Tiempo).




Y continúo.

Cuando pensé en un punto desde dónde empezar a escribir éste último post, la primera imagen que me vino a la mente fue la de aquella novela gráfica (The Sandman), en donde Morfeo acude al Infierno para enfrentarse a Lucifer, solo para enterarse de que éste ha tomado una decisión drástica: dejar de ser el señor de ese lugar, expulsar a los habitantes del mismo, y cerrar todas las puertas del infierno, para dejar de ser una herramienta más del Creador. En comparación, creo que éste sitio ha llegado a ser una especie de Purgatorio para mí. Ahora, ha llegado el momento de cerrar la última puerta.

Pero de la misma manera en que la Estrella del Alba salió de las páginas de The Sandman para renacer como Señor de su propio universo dentro de su propia serie (aquí ya no hablamos del argumento interno de sus historias si no de asuntos editoriales, menos fantásticos, y más realistas y cotidianos), yo también he pensado en seguir escribiendo, actualmente lo he hecho en cuadernos de notas, en donde he estado registrando los hecho que me han llevado desde mi origen hasta donde estoy ahora. Curiosamente, al escribir, he llegado a sentir que algunas de esas vivencias suceden en el mismo momento en que las escribo (y no puedo evitar pensar en aquella película en donde Ashton Kutcher viaja al pasado a través de sus diarios).

Otras cosas han estado rondando en mi cabeza, y en algún momento he pensado incluso en escribir algún e-book y distribuirlo de manera gratuita, tal como lo ha hecho Paula Ithurbide (una autora que conocí hace algunos años a través de sus libros y su blog): http://www.paulaithurbide.com/. Pero aun debo pensarlo bien antes de decidir qué sigue.

Tampoco quiero caer en el cliché del último post del blog en el que me despido lacrimosamente (aunque tal vez ese cliché ya vaya implícito desde la primera línea de este texto. Mea Culpa), pues nunca consideré que el escribir en éste blog fuera parte de una moda. Nunca me gustó que, al hablar con otros bloggers, éstos mencionaran que formaban parte de la primera o segunda generación de bloggers, o que a mí me tocó ingresar a este "selecto grupo" después de que los primeros ya empezaban a retirarse, como si en algún momento todos se hubieran puesto de acuerdo para iniciar un movimiento o algo así. Considero más bien que cada quien escribe cuándo y cómo se le da la gana. Esto no fue una moda, fue una necesidad. La necesidad persiste, pero ya habrá otros medios para satisfacerla.

Por el momento eso es todo, esta puerta se cierra y yo me retiro hacia adentro para concluir lo que aquí ha iniciado...


(Si alguien desea comunicarse conmigo, bien puede hacerlo a través de las redes sociales o enviándome un e-mail a luis.elbert89@gmail.com).


15 de agosto de 2014

El penúltimo post

Por si no lo pudieron leer en facebook (o tumblr o twitter):

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Es oficial:

Se ha llegado a un punto en el que consideramos necesario "cerrar" ambos blogs.

Desde el primer post hasta los últimos pasamos por tantas cosas, todas ellas reflejadas en cada nueva actualización del blog, pero después de meditar sobre el tema durante varios días hemos decidido concluir de manera definitiva ambos "web logs".

Si bien mi gusto por la lectura/escritura aun permanece, tal vez deba considerar otros puntos de difusión, quizás también me tome más en serio y empiece a pulir lo que hasta hace poco era solo un pasatiempo; pero eso es algo que se decidirá posteriormente.

Desconozco los datos que muestran las estadísticas del blog, pero estoy consciente de que ya son muy pocos los que visitan periódicamente mis blogs (yo mismo he dejado de leer la mayoría de los blogs que antes leía sin falta), es por eso que este aviso se publica primeramente en las redes sociales (¡ja!, un antisocial dependiendo de las redes sociales), para que no digan que no les avisé :v

Éste no es el último post, es más bien el penúltimo (no se porqué, pero el Mago me ha pedido que se haga de esta manera). Nos leemos en el futuro.

Y como dijera Neruda: ahora contaré hasta doce, y ustedes se callan y me voy :)

Fin del comunicado.

Por si aun no conocían los dos blogs:

http://uncronopiollamadomago.blogspot.mx/

http://pieces-of-my-head.blogspot.mx/

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El último post, tanto en éste como en el otro blog, será publicado esta semana...

12 de julio de 2014

Apología de la Soledad II

Me siento en la barra de aquel lugar y espero a que llegue mi cena: una hamburguesa y un refresco, acompañados de papas fritas; mientras espero intento continuar con mi lectura de La Insoportable Levedad del Ser, pero solo leo un par de lineas y guardo el libro. Creo que hoy me siento un poco solo. Saco una hoja y empiezo a escribir.

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Estimado lector:

Hace tanto tiempo que no escribo, o escribo unicamente para mí. La indiferencia de este lugar me resulta tan cómoda y tan fría a la vez, que hasta la soledad se percibe de un modo distinto (canción, llévame lejos, donde nadie se acuerde de ...). Aquí la soledad deja de ser ese oscuro lugar que me asfixiaba para convertirse en una extraña compañera que baila a mi alrededor, al ritmo de mis pensamientos (quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa quién soy).

Hace ya casi un año que él murió, haciendo que este mundo pareciera un lugar más solitario para mí. Tal vez por eso lo recuerdo tanto en estos días, con un reloj, una canción, con todo lo que él me enseñó. Fue él quien me enseñó a leer y también a escribir, cuando yo tenía apenas tres años. Y él también fue quien, como un patriarca que entrega a su hijo en sacrificio, me entregó a la soledad, enseñándome lo que era estar solo.

Desde muy chico me sentí diferente al resto, la incapacidad de mi padre para jugar conmigo (por la entonces reciente operación de su pierna) hizo que poco a poco me interesara menos por los juegos de niños y más por la búsqueda de conocimientos y superación intelectual. Y aunque mis esfuerzos nunca parecían suficientes, yo sabía que, en el fondo, él estaba orgulloso de mí. Por eso, no solo fui su discípulo y heredero, también, en ocasiones, me convertía en su confidente.

Fue un domingo, al abandonar una fiesta familiar, cuando él me habló de lo que era estar solo. En aquella fiesta todos conversaban y sonreían, mientras nosotros permanecíamos en un rincón, hablando poco entre nosotros y esperando el momento para salir de ahí. No es que no nos gustara esa gente, nuestra "familia", simplemente preferíamos lugares menos concurridos.

Decidimos salir de ese lugar antes que los demás, y de camino a casa, los dos guardamos silencio (el silencio siempre fue nuestro mejor aliado). Pero al pasar por el cementerio (aun hoy ignoro si aquel sitio fue el que lo motivó a hablar), él se dirigió a mí para contarme sobre lo que era estar solo. No recuerdo sus palabras exactas, solo recuerdo que me hizo notar que nosotros teníamos gustos distintos a los de la gente que nos rodeaba, y que por la misma razón, a veces preferíamos simplemente escuchar, sin añadir nada a la conversación; recuerdo que en ese momento él me contó sobre lo difícil que es sentirse solo, pero que uno debe aprender a vivir con esa soledad, y también recuerdo que después de contarme todo esto y algunas cosas más, se puso a llorar, de noche, en aquel lugar (quizás lloraba más por mí que por él, creo que así fue). Yo tenía unos siete años, y también lloré al verlo así.

Nadie dijo nada más durante el resto del camino, llegamos a casa y nos dormimos, él en su cama y yo en la mía, mi madre se había quedado en la fiesta con mis hermanos. Al día siguiente ninguno de los dos mencionó nada sobre lo ocurrido, pero yo había aprendido que, al igual que mi padre, la soledad sería un aspecto importante en toda mi vida.

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Termino de comer y pido la cuenta. Mientras camino a casa pienso que, en aquel momento y en aquel lugar, me hubiera gustado darle un abrazo a aquel hombre, y decirle que no estábamos solos pues nos teníamos el uno al otro,pero esa clase de sentimentalismos era ajena a nosotros, que siempre aparentamos ser exageradamente serios y reservados; de repente, recuerdo la noche en que lo encontré en su cama, sin vida, como si él lo hubiera dispuesto así, ahora era yo quien lo entregaba a él a una soledad más profunda, aquella que se encuentra bajo el dulce cobijo de la muerte. Durante una hora estuve solo, al lado de su cuerpo, esperando que mi madre y mis hermanos llegaran para decirles que él ya se había ido. Y hasta que ellos llegaron yo lo dejé, salí al patio, y descubrí que sin él, me sentía aun más solo y perdido que antes. Ya no nos teníamos el uno al otro, ahora solo quedaba yo.

Tal vez por eso decidí irme a otro lugar, o al menos esa fue una de las muchas razones que me motivaron a hacerlo.

Él me enseñó muchas cosas, pero aun hoy, a casi un año de su muerte, creo que ni siquiera él soportaba la idea de sentirse extraño y solo en este mundo, yo sigo aprendiendo por mi propia cuenta.

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